El año empezó con una columna de Gabriel Bartra, que se pregunta si estamos asistiendo al final del tiempo de los bares, referido al bar de toda la vida,que viene a ser una suerte de reserva espiritual de la barra: ‘¿Se ha acabado la era del bar?’.
Bares hay, y cada vez más, sunque son diferentes a los que Bartra empieza a echar de menos. Rodolfo Reich trae dos ejemplos desde Buenos Aires: Tres Monos -‘Los Tres Monos porteños: “En sabores, técnica y hospitalidad hay muy pocos lugares como Buenos Aires”– y Kōnā, el bar/restaurante de Inés de los Santos y Narda Pepes: ‘La esquina que une a las dos mujeres más potentes de la gastronomía argentina’.
Corina Briceño abunda en la idea de la barra combinada con un restaurante, que en este casi nace de la unión de otros dos: ‘Maido y Maito se alían en Mai Mai un bar con buena comida en Ciudad de Panamá’.
La barra de coctelería prospera en cualquier rincón. Nos lo recuerdo François Monti en un trayecto que va desde Patio de Butacas, un bar rural –‘El cóctel rural reclama espacio desde Patio de Butacas’– hasta la distinción del bar de hotel, en ‘Los bares de hotel se renuevan’. Abraham Rivera le da una vuelta de tuerca al concepto y los busca al aire libre pensando en el verano: ‘Las mejores coctelerías para refrescarse en verano’.
Durante el año también recorrimos barras cocteleras en Cartagena de Indias, con Erin Rose –‘Luna, la Tatuadora de Sirenas de El Barón’-, en Lima con Javier Masías –‘Lady Bee, coctelería peruana contra la corriente’– y en Santiago de Chile con el recorrido que nos propuso Pamela Villagra en ‘Los bares que cuentan en la noche de Santiago’.
Mariana Martínez se fue a la barra de una pizzeria de Santiago que ha sido tomada por Nadia Parra para dar forma a Wine Rebel un wine bar muy diferente: ‘Wine Rebel, descubrir vinos diferentes de Chile en la barrad e una pizzeria’. En la Ciudad de México, Mariana Camacho nos muestra Provocateur, la creación de Sophie Avernin ‘Provocateur, un lugar para los infieles del vino’.