El propietario de Bodegas Muga desvela sus gustos vinícolas
Aunque la bodega que ostenta el apellido familiar no es ni la más antigua ni la más grande de Rioja, Isacín Muga lleva la tradición vinícola en las venas. El fútbol se le daba bien -llegó a jugar en el Valladolid en Primera División- pero sabía que su destino era el oficio familiar así que a los 23 años colgó las botas y volvió a su Haro natal.

Nieto e hijo de bodegueros, el patriarca de Bodegas Muga tras la muerte de su hermano Manuel en 2007 reivindica el papel de su madre, Aurora Caño, en la puesta en marcha de un proyecto que vio la luz en 1932. En aquella bodega del centro de Haro, Aurora y su marido Isaac comenzaron vendiendo vino cosechero, como se hacía antes, en las garrafas de 16 litros. El negocio floreció y en 1967 se trasladaron a Prado Enea, una elegante casona en el mítico Barrio de la Estación que hoy da nombre a uno de sus tintos más emblemáticos. Allí implantaron una bodega donde la madera sigue jugando un papel trascendental. Es la única de España que dispone de un cubero y tres toneleros, encargados de seleccionar, tostar y dar forma a las cubas, tinos y barricas de roble que acompañan a sus vinos desde la llegada de la uva a sus instalaciones hasta el embotellado. En Muga, el acero inoxidable es anecdótico.
La tradición se mantiene en la vendimia a mano de sus 220 hectáreas de viñedo propio y otras tantas de viticultores de la zona. También en la trasiega por gravedad de unas 90 barricas diarias -con vela incluida para detectar impurezas- y en la clarificación del mosto con claras de huevo, que se rompen uno a uno, hasta llegar a los 400 necesarios para cada depósito de 16.000 litros.
Aunque el respeto a lo antiguo es una de las señas de identidad de Muga, la familia tambien ha sabido adaptarse a los tiempos modernos. No fue fácil para Manuel e Isaac viajar por el mundo en la década de los 70 para dar a conocer sus vinos en los mercados exteriores, pero a base de esfuerzo y buen producto, la bodega exporta en la actualidad la mitad de las 2,5 millones de botellas de blanco, rosado, cava y tintos que elaboran.
Isacín Muga ha tenido suerte con la familia. Su frase «abuelos cuberos, hijos bodegueros y nietos pordioseros» no es aplicable a la tercera generación, hoy al frente de la bodega. Sus hijos Isaac y Jorge se encargan de la enología y la viticultura, mientras que Juan y Manu, descendientes de su hermano Manuel, gestionan la parte comercial y de marketing. Hombre afable y de trato cercano, comparte recuerdos y dichos suyos sobre unas pochas y unas chuletillas celestiales maridadas con tintos de la casa de la añada 2010. A sus 74 años y después de toda una vida de trabajo duro, puede disfrutar tranquilo de los resultados. Sabe que el negocio no podría estar en mejores manos.
1- ¿Un vino para probar antes de morir?
Entre horas me gusta un maceración carbónica típico de nuestra zona y para comer un Rioja con crianza de 8 a 10 años.
2-¿Cuál es el último vino que has comprado?
Un Viña Tondonia del 64. Lo tomé con la familia y estaba excelente. Me gustan los vinos de media edad.
3-¿Cómo incentivarías el consumo de vino entre los jóvenes?
En los años cincuenta, mi padre puso en la bodega un cartel con un lema del gran químico Louis Pasteur: «el vino es la más sana e higiénica de las bebidas». Hoy en día sigue vigente y conviene que los jóvenes recuerden lo que repiten los nutricionistas: beber vino con moderación es bueno para el cuerpo. Un vino con moderación es medicina.
4- ¿Un referente en el mundo del vino?
Mi madre, que me transmitió la tradición familiar de los bodegueros de Rioja. Ha sido una lección que me ha servido para organizar la bodega y adaptar el vino a los tiempos modernos.
5- ¿Con qué maridaje te has emocionado?
Con tres clásicos de siempre. Gambas o rodaballo con un blanco joven de Rioja o un albariño y un solomillo al punto con un tinto de media edad de Rioja.
6- ¿Una carta de vinos de un restaurante?
La de Txomin Rekondo en San Sebastián. Es una de las mejores de Europa.
7- ¿Una bodega para la historia?
Hay varias. La Rioja Alta, de la que mi abuelo fue uno de los fundadores en 1890, López de Heredia, Cvne y Bodegas Bilbainas. Es por querencia. Todas se encuentran en el Barrio de la Estación de Haro, como Muga.
8- ¿Tu variedad preferida?
En tintos, me gusta la variedad Tempranillo, pero en coupage; para mí, tiene que llevar un compañero de viaje. En blancos me inclino por Viura y Sauvignon Blanc. Esta última siempre me ha convencido cuando la he probado en las zonas donde se produce.
9- ¿Puede terminar la frase? No quite el ojo a…
La limpieza. Como decía mi abuelo, para hacer un buen vino en una bodega hacen falta tres cosas: limpieza, limpieza y limpieza.